¡¡Cambia el careto!!!!
Ultimamente estoy muy chof.
Cada vez que le digo algo a un compañero, incluso a mi hijo adolescente, me suelen contestar con un mensaje previo parecido a éste: "pero no te enfades"; "ya estás cabreado"; "vaya morro que pones"...
Y esa es la clave. Cuando me miro al espejo para ver la cara que estoy poniendo descubro cómo ha afectado el tiempo a la estructura de mi cara: me sale morro cuando estoy escuchando (ni siquiera estoy serio!!!), las comisuras de los labios van hacia abajo y parece que estoy malhumorado, se me han descolgado los mofletes, la mirada de preocupación parece de agresión....
Así que cualquier mensaje neutro se interpreta como violento.
Y estoy harto de pedir disculpas por los malos entendidos que voy generando a mi alrededor. Trato de sonreir más, de ser más cariñoso (sin pasarme, claro), pero se nota que ya no soy el que era. Y la culpa la tiene mi cara.
No sé qué voy a hacer... De momento, me he comprado una nariz de payaso para relajar las reuniones... Y de cirujía estética, nada. A no ser que sea para hacer definitiva la nariz roja y gorda. Porque eso sí está dando resultado: en cuanto tengo que decir algo que no gusta, me la pongo y admiten una crítica positiva. Y rompe la tensión de una situación problemática. Os lo recomiendo. También sirven las gafas culovaso, las corbatas gigantes y los zapatones, pero son más difíciles de guardar en el bolsillo.
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Leandro Oseguera -